Langkawi

Langkawi es un exclusivo destino turístico. El lugar la verdad es que lo merece. Son una serie de islas en el Mar de Andamán, de las cuales, solamente está poblada la más grande de ellas.

Su clima es tropical, el agua del mar está templada a la mañanita y caliente a partir del mediodía. La población de medusas desgraciadamente es mayor de lo que la gente me había contado en Penang, donde tuve un desafortunado encuentro con una. El segundo día de mi estancia aquí sufrí por segunda vez una picadura de medusa en tierras malayas. Teniendo en cuenta que hasta ahora solo me había picado una, en el Mediterráneo, las estadísticas aquí se están disparando.

Consecuencias: un calambrazo de 220 V. aproximadamente, osea: susto, urticación durante unos diez minutos y ampollas como de picaduras de mosquito también durante otro ratito. Todo esto se minimiza con vinagre o limón, o las dos cosas juntas, pero esto ya entraría en la categoría de cócteles. Otro método bastante eficaz es impregnar con orina propia o ajena la zona afectada, no es necesario bebérsela.

Los bosques están preciosos y parece que intactos. En la isla existen tres campos de golf y bastantes más complejos turísticos de lujo, osea, unos hotelacos del copón de la baraja, con playas privadas -casualmente las más limpias y mejorcitas de la isla-  y esas barbaridades que ocurren todavía en algunos lugares.

 

Mi mentalidad occidental es reacia a acostumbrarse a situaciones como la de no poder acceder a una playa por no ser cliente de un hotel o simplemente, porque es propiedad privada. Privilegios del Antiguo Régimen en el siglo XXI. Fijaros si Malasia tiene estructura medieval que el gobierno mantiene una familia real entera. En España hay dos reyes y dos reinas… pero son tan pizpiretos todos ellos que da pena mandarlos a la cárcel aunque lleven cientos de años metiendo mano en el erario público. Privilegios del Antiguo Régimen en el siglo XXI.

Este, por lo tanto, es uno de los posibles destinos de esa gente que tiene dinero para aburrirse. Por supuesto, tiene puertos deportivos y es habitual ver fondeados en las islitas e islotes, veleros y yates.

Yo en cambio me encuentro en la zona de hamburguesa y patata frita. Un paseo por la calle principal no difiere mucho de uno por cualquier localidad turística del levante ibérico, en sus tiendas se exhiben: esterillas, flotadores, “todo a cienes”, “todo a miles” también, paquetes turísticos y “estuve aquí y me acorde de ti´s”.

Precios inflados comparados con el resto del país que he conocido y además se sacan de la manga el 10% de tasa de servicio. Con dicha tasa, encima se permiten pagar una miseria a los camareros, ya les pagas tú el sueldo. La playa es una locura. Afortunadamente la densidad no es la del Mediterráneo, aquí sobra playa. Del mismo modo sobrarían motos acuáticas, lanchas que arrastran bananas hinchables y buscavidas de playa.

Resumiendo, me quedo en un centro turístico cutre, pero esta isla tiene tanto que ver y descubrir saliéndose un poco de los circuitos turísticos -cosa que me permite “Venenito”-, que estoy encantado de la vida conociendo la isla un poquito cada día a golpe de pedal. La gente es tan sencilla como en cualquier otra parte del país, y los precios se ajustan a la realidad circundante, así pues, merece la pena perderse por aquí. 

 

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