Llegada a Ciudad de Panamá
Aterricé en el aeropuerto de Tocumen recién llegado de Colombia, país que por diferentes y variados motivos adoro. Me sorprendió que aquí el cubrebocas fuera todavía obligatorio incluso en espacios abiertos. En mi anterior destino, hacía ya meses que esta medida se había suprimido y en México, donde pasé más de un año en plena pandemia, no hubo ni obligación de llevar mascarilla en lugares abiertos ni tampoco confinamiento.

Sería mi segundo o tercer día en Ciudad de Panamá, cuando desayunando con otros inquilinos del hotelito donde me hospedaba, alguien me hizo una pregunta: De todos los países que has visitado, ¿a cuál no volverías?
No supe que responder… o mejor dicho… no se me ocurrió ningún país que no volvería a visitar. Cada país que he visitado tiene un algo que le hace especial, un algo que me empujó a ir allí. Si hoy en día me hicieran la misma pregunta, diría que ese país se llama Panamá. Bien es cierto que mi última estancia en Cuba -cuarta visita en veinticinco años- me decepcionó muchísimo. La mayor de las Antillas ha sufrido un cambio considerable y a peor en el trato al viajero: engaños, timos, abusos, falta de respeto, reggaeton hasta en la sopa… pero ese caimán tiene siempre un sabor especial.

Si bien eso de: Panamá el país de Nunca Jamás puede ser un poco exagerado y muy subjetivo, trataré en esta publicación de explicar los motivos que me empujan a pensar así.
Cositas que pasan
Me ha sorprendido mucho que aquí más de un tont@, me recriminase el tener pasaporte español; llamándome poco menos que ladrón de oro y mataindios. He de decir que nunca antes había estado en Panamá y hasta donde sé, nadie de mi familia. Así pues, es muy difícil robar y matar en un lugar donde no se ha estado previamente.
Si quien hace tan tremenda acusación no es indígena, lo más seguro es que por sus venas corra sangre de conquistadores, o de colonizadores, o de esclavos huidos, o de expresidiarios, o de comerciantes venidos a menos… o a más… Que llegaron aquí con una espada en la mano, o una biblia, o una mano detrás y otra delante, o con ganas de prosperar hasta que se estrellaron o estrellaron a otros… Seguramente que sus antepasados no fueron lo mejor de cada casa. Los míos se quedaron en lo que hoy es España. Así pues, que cada panameño se mire sus propias manos, que en las mías no he encontrado ni sangre ni polvo de estrellas istmeño.

Breve historia reciente
Curiosamente Panamá fue fiel a la Corona Española en su momentos más delicados en América. Esto se debió por una parte a las luchas independentistas capitaneadas por ilustres como Simón Bolivar, José San Martín o Francisco Miranda, y por otra a la invasión francesa de la Península Ibérica por parte de Napoleón Bonaparte.
Los criollos panameños mandaban generosos donativos en especias y dinero para poder responder a la agresión francesa en tierras peninsulares. Y era precisamente a Panamá donde se dirigían los contingentes militares españoles destinados a sofocar las revueltas independentistas. Esto duró hasta que la situación militar se complicó para la metrópoli y se suspendió el libre comercio con Sudamérica. Panamá se había convertido en un importantísimo lugar de paso de uno a otro océano, debido al cierre del paso del Cabo de Hornos por los sublevados sudamericanos. Para entonces, el istmo era ya un importante punto de contrabando, especialmente de mercancía llegada desde Jamaica.
En un tiempo en el que había reclutamiento forzoso, la guerra era una sangría económica y humana, las persecuciones políticas una constante y la actividad comercial estaba casi paralizada. El sentimiento de independencia de la Corona Española comenzó a fraguar. Así en 1821, Panamá consigue su independencia y se une voluntariamente a la Gran Colombia.

A esto le siguieron ochenta años de innumerables intentos federalistas y separatistas por parte de Panamá. Los dirigentes istmeños directamente vinculados al tránsito y comercio internacional, partidarios del abstencionismo estatal, del librecambio y en definitiva de una economía basada en el comercio, querían un país más «manejable».
Fue en 1903 y con la siempre dolorosa ayuda estadounidense que logró ser país por primera vez en su historia. Las razones fueron puramente económicas. Esta nueva alianza tampoco les duró mucho. En 1989 EEUU invadió Panamá con 26.000 marines. Las fuerzas locales apenas sumaban 12.000 activos, y no eran precisamente de élite. En un puñado de días, el Gran Hermano yanqui volvió a tener el control del Canal -aunque supuestamente su objetivo militar principal era el títere que ellos mismos habían colocado en el poder, Manuel Antonio Noriega-. Así recuperaron el control del Canal que perdieron en 1968 tras el golpe de Estado asestado por Omar Torrijos, héroe nacional.
Una vez más, la soberanía panameña volvía a cambiar de manos debido a intereses económicos y no sociales.

HOY EN DÍA
Es el país más rico de Centroamérica atendiendo a su PIB per cápita. a pesar de esto, la organización a favor de los derechos indígenas SERVINDI, considera que un 94,5% de los indígenas panameños están en situación de pobreza. Es paradójico que en un país donde por el mero hecho de tener una u otra nacionalidad te acusan de ladrón y mataindios tengan a los propios indígenas en situación de carestía, desnutrición y en un interminable proceso de reclamación de tierras. Esos boca-chanclas sumarísimos debieran de mirarse su propio ombligo y tal vez, caer en la cuenta de que fueron ellos -sus antepasados- quienes invadieron tierras indígenas y no los ciudadanos españoles de hoy en día.

Según informes de Naciones Unidas, tienen enormes desigualdades sociales y de «especial preocupación» tanto financieramente como en términos de derechos humanos . Deficiencias estratégicas en sus mecanismos y en los controles de los mismos, hacen de este un paraíso fiscal para las 350.000 empresas internacionales erradicadas en él -solamente viven 4,3 millones de habitantes-. Aquí existe el «secreto bancario», manifiesta prostitución de las reglas del juego financiero internacional. No son pocas las compañías que ofrecen abrir cuentas bancarias anónimas o empresas offshore. Y es precisamente de ahí de donde emanan los «Papeles de Panamá» el país de Nunca Jamás.
Interesantísimo vídeo sobre los Papeles de Panamá
Los papeles de Panamá, el país de Nunca Jamás
Según la organización más extendida y con mayor credibilidad sobre transparencia en Latinoamérica, Insight Crime: «La ubicación de Panamá como punto de enlace entre Centro y Suramérica ha hecho de este país un punto de tránsito fundamental para actividades ilícitas, además de refugio y zona de negociaciones para organizaciones criminales. Su economía favorable y el boom del contrabando en la Zona Libre de Colón (CFZ) han atraído durante mucho tiempo a lavadores de dinero internacionales.»
Históricamente, este país ha sido un centro para el lavado de dinero internacional, debido a su amplio sector bancario, la economía dolarizada y de rápido crecimiento y la presencia de la Zona Libre de Colón (ZLC), creada en 1948 y una de las más grandes del mundo. Las estrictas leyes de secreto bancario combinadas con un sistema judicial laxo y las más de las veces corrupto son factores adicionales que favorecen las actividades de lavado de dinero.
Resumiendo, las empresas afincadas en Panamá no declaran. Pagan comisiones a quien corresponda para lavar ingentes cantidades de dinero, eludir sanciones y evadir impuestos. Este dinero podrá emplearse posteriormente para financiar grupos mafiosos, terrorismo, compra de armamento, guerras… gracias a las mencionadas empresas offshore.

El incipiente turismo panameño
Panamá, el país de Nunca Jamás no es ni mucho menos una potencia turística, ya que sus vecinos tienen precios más asequibles y mucho más que ofrecer. Países como Colombia, Costa Rica, Nicaragua, México o Guatemala, poseen un patrimonio tanto arquitectónico, gastronómico, paisajístico o humano igual o superior y a precios más asequibles.

Visité varios lugares turísticos: Ciudad de Panamá, Bocas del Toro, el Valle de Antón, Santa Fé… y también no fui a otros reseñables como: Boquete o San Blas.
A San Blas, que hubiera sido uno de los primeros lugares a visitar, no fui por lo prohibitivo del precio del alojamiento y por tener que pagar incluso para entrar en el área. A Boquete, que hubiera sido uno de los últimos lugares a visitar no fui, un poco por falta de tiempo, y otro poco por hartazgo del país.
Paseando por Panamá
Ciudad de Panamá es un lugar extraño. Por un lado está la ciudad de los rascacielos, de los bancos, de las empresas evasoras de impuestos, de los indecentemente ricos, de los que lavan el dinero más sucio de este mundo procedente de dictadores, narcotraficantes, empresas fraudulentas, famosos que son muy patriotas pero que no tributan en su país… Bordeada la imponente city por un agradable paseo marítimo, en uno de sus extremos está el mercado del puerto -el mejor lugar para probar ceviche-, y un poquito más allá el Casco Antiguo.

Este último conserva algunos reseñables edificios e iglesias de la época colonial, pero muy lejos de los de otras ciudades en América como: La Habana, Antigua, Cartagena de Indias, Ouro Preto, Popayán, Olinda, Cuenca, Granada, Trinidad, Quito… y otras muchas más… Y así como por arte de magia, a sólo unos metritos del Casco Antiguo se encuentran los barrios más desvaforecidos como El Chorrillo o Curundú. Lugares donde son habituales las balaceras entre bandas rivales y donde no es especialmente aconsejable pasear de la mano.

Para finalizar, su flamante Canal, por el que tanto la ciudad como el país son conocidos en el mundo entero. Es aquí donde el continente americano se muestra más estrecho, dejando una lengua de tierra de solamente 82 km. entre los océanos Atlántico y Pacífico. La idea de encontrar un paso entre los dos océanos fue recurrente desde la llegada de los conquistadores. En 1880 los franceses comenzaron su construcción pero fracasaron, para ser finalmente los estadounidenses ya en el S.XX quienes lo acabaron de construir. El Canal de Castilla diseñado casi dos siglos antes, fue la principal inspiración de su sistema de esclusas, el cual prácticamente calcaron.

Desde la capital viajé al Valle de Antón, a aproximadamente dos horas en autobús. Este es un lugar para escapar de los calores tropicales y disfrutar de agradables paseos. Un par de supermercados y varios restaurantes -ninguno económico- abastecen las necesidades básicas del viajero. No hay mucho más que hacer en este bonito rincón panameño.
Allí me hablaron de Santa Fe, donde hay un Parque Nacional homónimo y es zona eminentemente indígena. Lugar muy agradable sin apenas turistas. Un supermercado y un puñadito de restaurantes -algunos económicos- serán tus puntos de avituallamiento para visitar los múltiples paseos que podrás realizar aquí. El agua discurre alegremente y hay infinidad de cascadas que pueden visitarse.

El «paraíso» de Bocas del Toro
Hace ya muchos años que tenía pendiente una visita a este grupo de islas. Bocas del Toro es de lejos el lugar turístico por excelencia en Panamá. Pero no es ni mucho menos oro todo lo que reluce. Este paraíso natural ha sido transformado por los humanos, y a mi parecer tienen mucho, pero muuuuucho que mejorar. Podrían empezar, por ejemplo, por no tratar su preciosa casa como un vertedero… digo… por poner un simple ejemplo.
También podrían darse un baño de realismo y ajustar el servicio a los precios, ya que estos son casi del primer mundo mientras los servicios que ofrecen son casi del tercero: tours masificados, equipo en miserables condiciones y varios: Donde dije digo, digo Diego.

Además de la suciedad que puede encontrarse en los lugares más insospechados en cualquiera de las islas, el otro gran problema es el intenso tráfico de lanchas motoras. Hay cientos de ellas y son un peligro a la hora de darse un baño tranquilo en una playa. Tienen total libertad para entrar hasta dónde, cómo y con quién quieran, con el riesgo que esto conlleva para los bañistas. Por no hablar de la contaminación acústica y el de las aguas de este «paraíso».

Esto no sería un dolor de cabeza si abundasen las playas, pero no abundan! En la mayoría de ellas el baño es peligroso debido por un lado al fortísimo oleaje y por otro a la abundancia de suelos de piedra cortante y suelos coralinos. Dependiendo de la época del año, la invasión de algas puede hacer imposible entrar en el agua. Así pues, cuando no tienes que andar esquivando algas o molestas lanchas, tienes que andar pendiente de no hacerte un corte o de que las olas no te lleven mar adentro.

En la playa de arriba -sin socorrista- me animé a bañarme debido al calor y porque vi gente que lo hacía. Nadie se atrevía a pasar de la cintura. No llevaría ni diez minutos cuando decidí salirme asustado ya que, a pesar de estar mirando a altamar, me golpeó una ola por la espalda!… Así que os podéis imaginar cómo son las corrientes por aquí si las olas pueden llegar hasta por detrás. A todo esto hay que añadir que al ser un lugar exclusivamente turístico, los precios de todo están inflados. Y repitiéndome, algo que es casi insultante comparado con tantos países de la zona que tienen una oferta más variada y asequible. Para rematar, los robos en los rincones apartados de algunas playas son el pan de cada día.
Llegué a la conclusión de que la fama de Bocas del Toro se debe a su fiesta loca llena de pastillas de colores y otros tipos de delicatessen.

Idiosincrasia panameña
La población panameña la conforman un 66% de mulatos, 14% negros, 9% blancos, 7% indígenas y 4% de asiáticos. Cada grupo tiene sus peculiaridades, y las de todos juntos es la del actual Panamá.

Una vivencia que tuve allí podría resumir en gran parte esta publicación:
En un comercio donde intentaron engañarme con el precio, sonaba a toda pastilla música evangélica que curiosamente hablaba de salvación. Me di cuenta del engaño y al descubrirlo comenzaron a decirme que qué nos creíamos los «argentinos»! que si pensábamos que América era nuestro patio trasero. Evidentemente salí soliviantado y sin comprar nada. Al salir ya no sonaba música evangélica, sino de la Pantoja! Una señora muy española condenada por blanqueo de capitales. Todo tan panameño, todo tan colonial!


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