Lector acompañado de perro, Benarés, Varanasi, India

Benarés, el negocio de la muerte

EL NEGOCIO DE LOS MÁS VIVOS

Toro en ghat, Benarés, Varanasi, India
Precioso ejemplar de búfalo paseando por los “ghats”
Abluciones temprano por la mañana,Dashashwamedh Ghat
Abluciones por la mañana
Palacio deshabitado en Benarés, Varanasi, India
Uno de los magníficos palacios que jalonan la ribera izquierda del Ganges

Si Benarés hubiera sido mi primer destino en esta parte de Asia, probablemente, al día siguiente me hubiera vuelto a mi casita. Pero no, venía ya curtido de Nepal. Aunque sí fue mi primer destino en India.

Mural en Benarés, Varanasi, India
Uno de los pocos murales de Benarés

En el país vecino, la gran mayoría es también hinduista, y no solo eso, como buenos vecinos tienen muchas cosas en común. Mi último destino en Nepal fue Janakpur, importante centro de peregrinación para hindúes. Aquí tenía pensado quedarme semanas; no estuve más de catorce horas. Es probablemente la ciudad más sucia y abandonada que mis ojos hayan visto nunca. Después de leer las recomendaciones de la guía de viajes, este nuevo destino se mostraba atractivo debido al colorido templo hinduista, por otra parte, en invierno es una cálida alternativa a las frías tierras del norte del país. Después de oírla palpitar durante unas horas, no quise saber nada más de ella: ruidosa, caótica, sucia, con alojamientos carísimos y cerdísimos,… todo un canto a la desidia humana. Pues bien, de una u otra manera, esto era lo que iba a encontrarme en India.

Palacio sobre ghats, Benarés, Varanasi, India
Palacio decadente

También conocida como Banaras, Varanasi o Kashi, ésta no es una ciudad cualquiera, se podría decir que es la ciudad más santa de extremo oriente. Así como Jerusalem es sagrada para tres religiones: judaísmo, cristianismo e islamismo, Benarés lo es igualmente para hinduismo, budismo y jainismo.

Encargado de áshram, Benarés, Varanasi, India
Áshram o escuela de enseñanzas hindúes

Es ni más ni menos, una de las ciudades a lo largo y ancho del globo que ha permanecido habitada ininterrumpidamente desde hace más tiempo, se supone que al menos desde el año 2000 AC. Ha sido mencionada en antiguos textos sagrados hindúes como los Vedas, Upanishads, Puranas, Ramayana y Mahabarata; así como en textos jainistas y budistas. Ya en el año 635 AC, el viajero chino Hiouen Thsang (Xuanzang), la calificaba como ciudad próspera y rica. Sobre el año 500 AC, Buda pronunció el primer discurso después de su “iluminación” en la próxima ciudad de Sarnath. Siddharta Gautama, sabedor de su importancia como centro religioso, visitó la ciudad sagrada en varias ocasiones.

Para rematar su abigarrada temprana historia, es según textos budistas, el lugar donde Jesús de Nazareth Isu por estos pagos-, recaló e incluso vivió por un tiempo hasta que se volvió impopular entre los sacerdotes y tuvo que escapar a Tibet. Ahí queda eso!

Brahmán, Sacerdote oficiando ceremonia, Benarés, Varanasi, India
Mucho mesías suelto

Teniendo en cuenta y también a pesar de lo mencionado anteriormente, Benarés es lo que es, debido principalmente a la influencia del hinduismo. Para empezar, es su lugar más sagrado. Como La Meca para musulmanes, es preceptivo para hindúes visitar Benarés al menos una vez en la vida. Pero lo que la ha hecho más popular es otro precepto: todo aquel que muera, sea incinerado aquí y sus cenizas arrojadas al Ganges, se librará del infinito ciclo de reencarnaciones y podrá descansar para siempre. De esta manera, morir en Benarés es más un motivo de alegría que de tristeza. Eso es precisamente lo que la ha convertido en el gran negocio de la muerte.

Manikarnika Ghat, Benarés, Varanasi, India
Manikarnika, principal ghat de cremaciones

Una escena habitual, es la de los familiares y amigos llevando en volandas el cadáver. Éste va sobre una camilla hecha generalmente de bambú, envuelto de pies a cabeza por un sudario y cubierto de flores -generalmente caléndulas-. La comitiva suele ir a paso ligero y entonando mantras a grito pelado. De ahí lo llevarán a la ribera del río donde lo sumergirán para purificarlo. El siguiente paso es depositarlo sobre un montón de leña que prenderán con la llama de una hoguera permanentemente custodiada. Dicha hoguera fue supuestamente encendida por Shiva 3.000 años atrás. Algunos de los familiares más cercanos se visten de blanco y se rapan la cabeza. Nadie llora. Es una ceremonia circunspecta, pero no triste.

Meditante fantasma, Benarés, Varanasi, India
Enigmático meditante

No muy lejos de la anterior escena, el dinero corre de mano en mano. Lo cierto es que siempre corrió. La ciudad es desde hace siglos conocida por el buen hacer de sus plateros y orfebres, por sus trabajos en seda y marfil, por sus bordados y también por sus delicados perfumes. Aún así, la muerte es la señora que más dinero mueve en esta ciudad que supera el millón de habitantes. La muerte da mucha vida.

Sadhu intentando hacer negocio, Benarés, Varanasi, India
Sadhu pidiendo dinero por foto

Uno de los grandes negocios, es el de venta de leña para poder realizar las cremaciones. No todo el mundo puede permitirse el pagarla, así que, sus cuerpos no son completamente devorados por las llamas. Están obligados a  llevar los restos de la pira a un crematorio industrial sito allí mismo. Es en éste último también, donde son quemadas las personas carentes de recursos que van allí a morir y así librarse del cansino ciclo de reencarnaciones. Hay seis excepciones en los que el cuerpo no necesita ser devorado por el fuego purificador y pueden ser arrojados directamente al río:

-los sadhus, por ser hombres santos

-los niños menores de diez años, por ser almas puras

-las mujeres embarazadas, por llevar un alma pura con ellas

-los muertos por picadura de cobra, porque puro es su veneno, al ser una de las representaciones del dios Shiva

-los leprosos, para no propagar la enfermedad

-las personas que carecen de brazos y piernas, por ser personas indefensas

Uno de los bulos que corren, es que en los alrededores de los crematorios hay olor a carne de pollo asado. Totalmente falso. De todas maneras sería difícil de percibir, bien es sabido que los indios lo especian todo.

Retaurante local, Benarés, Varanasi, India
Preparando té

Con diferencia, el lugar más visitado de la ciudad por propios y extraños son los “ghats” o escalinatas. Estas yacen a lo largo de una de las riberas del río por unos cinco kilómetros. Como se ha mencionado anteriormente, es éste un centro de peregrinaje. Miles de personas que profesan el hinduismo, visitan a diario las riberas del río. Allí realizan abluciones purificadoras, así como pequeñas ceremonias para honrar a sus familiares perecidos hace tiempo. Ese negocio es, probablemente, mayor que el de la venta de leña. Para estas ceremonias o rituales, contratan un sacerdote que es por precepto de la casta superior, “brahmán”. Conforme a cómo van vestidos y a los suntuosos relojes que muestran, deben tener unos honorarios más que sustanciosos.

Oferente en plena ceremonia, Benarés, Varanasi, India
Ofrenda particular
Grupo de oferentes, Benarés, Varanasi, India
Oferentes en un gran grupo

Son los “ghats”, el principal destino turístico de hindúes y turistas occidentales, aunque no el único. Pasear por las estrechas calles de la antigua ciudad justificaría un viaje hasta aquí. Pero no nos desviemos del principal asunto, el negocio de la muerte.

Ganges contaminado, Benarés, Varanasi, India
Contaminación en el río

Tanto creyentes como infieles, realizan ofrendas florales y, ya en la noche, las ofrendas se transforman en unos recipientes de cartón cubiertos por una lámina de papel de aluminio con una velita dentro.  Estos los depositan sobre las mansas aguas del río y van inexorablemente a parar a su fondo cuando las leyes de la física así lo disponen. No dejaba de sorprenderme cómo, siendo el más sagrado de los ríos, lo tratan como un vertedero. A esto hay que añadir que, los niveles de contaminación del agua del Ganges a la altura de Benarés, son más que preocupantes.

Mencionar como comportamiento aterrador, que los fieles, no solamente realizan abluciones; purificadoras del alma y redentoras de pecados, sino que también beben unos sorbitos por la misma razón. Discrepo vehementemente de que esta última práctica sea purificadora.

Oferente río Ganges, Benarés, Varanasi, India
Ofrenda al río

No son pocos los que en esta labor de purificación, o por exigencia del protocolo del ritual, se afeitan la cabeza. Así pues, es en los propios “ghats” donde un ejército de peluqueros ofrecen sus servicios, así como masajistas, sacerdotes, hombres santos y advenedizos que te marcan con el puntito colorido en el entrecejo llamado “tika”. También hay vendedores de postales, pegatinas, “caramelos, pipas, avellanas”, vendedores de hachís y marihuana, encantadores de serpientes, “sadhus” -santones- que piden dinero para que les saques una foto… Y así un largo etcétera. Lo más  probable es que todos y cada uno de los gremios te ofrezcan sus servicios, pero del que no te librarás es del de los barqueros, los taxistas del río. Igual te pasan a la otra orilla como que te hacen un tour. Cada poquito hay un barquero dispuesto a darte una vuelta por donde sea. No importa que el siguiente barquero apostado a la espera de clientes haya visto y oído como rechazas los servicios del anterior, él, igualmente, te ofrecerá los suyos. Llega un momento -esto es pura supervivencia- en el que ni les miras, ni les oyes, ni evidentemente les respondes.

Astillero de barcas, Benarés, Varanasi, India
La vida en los ghats

Los “ghats”,  junto con la ciudad nueva y la ciudad vieja, vendrían a ser una de las tres partes bien diferenciadas de Benarés.

La parte nueva es caótica y ruidosa hasta la exasperación. Los embotellamientos y atascos de tráfico son una constante. Vacas, coches, perros, tuk-tuks, rickshaws, camiones, peatones, vendedores arrastrando su mercancía… todos pelean por hacerse hueco en la calzada y avanzar unos pocos metros. Todo el mundo reclama, todo el mundo pita, todo el mundo empuja, pero nadie pierde la paciencia. Es su pan de cada día.

Loca Benarés. VÍDEO.

Ganga Aarti desde el río, Benarés, Varanasi, India
Gente asistiendo a ceremonia de Ganga Aarti
Ganga Aarti, Benarés, Varanasi, India
Ceremonia Ganga Aarti

La ciudad vieja bien se podría definir como un laberinto de estrechos pasadizos. Aquí y acullá hay templos, “ashrames”– centros de estudios religiosos-, pequeños santuarios, escuelas de yoga… Abundan los comercios; desde los que venden elaborados saris hasta donde preparan los “lassies” -yogures líquidos- más deliciosos.

Por sus angostas calles no caben coches, pero por muchas de ellas sí lo hacen tuk-tuks. Por todas ellas circulan además de bicicletas, motocicletas, que suelen ir bastante rapidito. La atención al caminar ha de ser máxima. A lo anterior, se suma lo irregular de la calzada, las vacas que deambulan por ella y las moñigas que depositan a discreción en su continuo deambular. También los perros vagabundos y los montones de basura que hay por todas partes. Como no hay servicio de recogida de basuras, todo se tira a la calle. En algún momento del día, alguien lo amontona y lo deposita en un rincón o en un bidón cortado por la mitad, las vacas y perros se encargan de sacar provecho de los desechos orgánicos. El resto se quema allí mismo.

Pequeños comercios, Benarés, Varanasi, India
Aprovechando el espacio

Colegialas y anciana, Benarés, Varanasi, India
Escena de calle
Caminando por el viejo Benarés, Varanasi, India
Sol y sombra
Tienda de té en Benarés, Varanasi, India
Tienda de té
Vaca curiosa en Benarés, Varanasi, India
Vaca curiosa

Por último, los “ghats”, que son un circo viviente. La función comienza un poquito antes de amanecer, y se alarga hasta no más de las nueve o diez de la noche, cuando la afluencia de gente es ya mínima. Cada hora del día es diferente, a cada momento se ve algo nuevo. De los más de cincuenta países que he visitado, India es el que tiene más particularidades de todos ellos. Éstas se vienen a resumir en los personajes que pululan por las riberas del Ganges, y en los rincones de su ciudad más sagrada. A cualquier hora está sucediendo algo, que no verías en ningún otro país. Hasta los rituales religiosos que practican, parecen sacados de la más lejana de la noche de los tiempos.

Perro enfrente de dos sadhus meditando, Benarés, Varanasi, India
Meditación para todos
Niña expresiva, Benarés, Varanasi, India
Niña en los ghats -probablemente jugando con su amigo imaginario-

No es una ciudad fácil, de hecho no se la recomendaría a nadie que no tenga una cierta experiencia viajando. De ninguna manera la recomendaría como primer lugar a visitar en este país. La falta de higiene, la gravísima contaminación acústica, el reto para los estómagos occidentales de la especiadísima comida india, la particular idiosincrasia de sus habitantes, el choque cultural en general… Pero la recomiendo encarecidamente para quien tenga la mochila ya curtida. Lo que aquí se ve y se siente, y con la intensidad que se hace, creo que no ocurre en ningún otro lugar del mundo. Lo mágico de todo ello, es que aquí ocurre a diario. Con seguridad, en India hay celebraciones o lugares que pueden impactar fuertemente, en la vieja Kashi es continuamente.

Sadhus y gurú, Benarés, Varanasi, India
Sadhus con su gurú
Dashashwamedh Ghat, Benarés, Varanasi, India
Dashashwamedh Ghat, el más solicitado

Hay gente que no aguanta su intensidad y la abandona cuanto antes. Quien se acople a su  trepidante e imprevisible ritmo de acontecimientos, tendrá ante sus ojos uno de los destinos más fascinantes que podemos visitar en este planeta.

Ropa tendida en los ghats, Benarés, Varanasi, India
La colada se hace en el río y se tiende en los ghats

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4 comentarios en “Benarés, el negocio de la muerte

    1. Las dos son ciudades un poquito exigentes, y las dos tienen un encanto particular. Eso sí, Benarés se acerca más a los dos extremos.

  1. Nos vamos “culturizando” un poco leyendo lo que acontece en Benarés, el negocio de muchas cosas según parece….y mucho oportunista a la caza de dinero, no? un saludete

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