Bangkok

 BANGKOK
Bangkok es un monstruo de mil cabezas, de millones de bocas, de ruidos, de chirridos, de motores por todos los lados, de gente vociferando en todas las esquinas, de vendedores de todo, de distancias inmennnnnnsas, de transporte público muy deficiente, de gente malhumorada, de trabajadores de turismo que odian a los turistas, de auténticos ejércitos de turistas que a la noche se convierten en hordas. Ni siquiera el transporte privado mitiga la incomodidad de las enormes distancias y del incesante tráfico. Bangkok es la ciudad más desagradable que he conocido.
Excepto para ir a un mercado de fin de semana y a renovar el visado, no me moví más que por el área próxima al hotelucho donde me quedaba y que podía recorrer a pinrel. La ciudad me repelía totalmente. Ni siquiera fui a ver a las lanzadoras de pelotas de pin-pong que tenía subrayado como preferencia en mi agenda. Sucia y maloliente hasta decir basta, pero sobre todo inhumana; y ruido, mucho ruido en todos lugares, a todas horas. Ruido en la calle, ruido en el autobús, ruido en el hotel, música para sordos, gente voceando a la noche poseída por el alcohol y seguramente alguna otra cosilla. El único lugar donde no había ruido era tras mis tapones de goma para las orejas.
La verdad es que la llegada a Bangkok presagiaba otra cosa. Según estaba inscribiéndome en el hotel todavía bicicleta en mano y con la camiseta con luz propia de Biciclistas de Corella, llega “Ilargi” dando saltitos para pedir la llave de su habitación. Le digo: hola!, me suelta un: qué haces aquí???, y yo un: anda qué tú!!! Ilargi fue compi en Leioa en la uni y socia en un taller de grabado en Gasteiz. Media hora más tarde después de una ducha relámpago, estaba cenando con tres vitorianos y una bermeana, ahí es nada. Al rato se apuntaron una pareja de ibicencos, argentinos y una cordobesa. Excepto yo, el resto son artesanos o gente que tiene tienda a la largo y ancho de la geografía ibérica y se conocen de ir a comprar allí año tras año material para sus artesanías y/o sus tiendas. Ese día me tomé cuatro cervezas y acabé un poco piripi debido a la falta de costumbre y que aquí la cerveza grande es de 600 ml.
Al día siguiente me levanté con un pelín de resaca y a la noche salí con Igor -también le podemos llamar Patxi-, un mozo de Gasteiz, con quien ya quedaría todos los días a partir de ahí. Salimos a cenar con una pareja de argentinos e Igor y yo nos fuimos a la zona de fiestuqui. Ese día cayeron otras cuatro cervezas.
Me volví a levantar con resaca. Ese día fuí al mercado donde se vendía de todo, pero lo que más me impacto fue la cantidad de buenos artistas con buenas ideas que venden allí sus trabajos. Los puestos donde exponen no tiene más de seis metros cuadrados, pero están muy bien montados y el ambiente creado es muy agradable. A la tarde quedé con Igor para echar una cervecita, a la noche con Cynthia, una chica mexicana que conocí en Malasia y que estaba ese día de paso por Bangkok. Esa noche cayeron tres cervecitas y fueron a medias, con lo que no me explicaba el dolor de cabeza de la mañana siguiente. Los siguientes días y todavía hoy sigo con dolor de cabeza.
Dos días antes de salir de Bangkok tuve fiebre y dolores musculares, eso me sonaba a algo. Fui a internet y efectivamente, son los síntomas de la malaria. Hoy ya camino de Lop Buri tuvé el cuarto síntoma, y ya me cagué, vamos, que me iba de varetas.
Lop Buri es una ciudad maravillosa donde puedes ir a casi todos los sitios a pie. La gente es muy agradable, se la ve feliz, no al menos amargada y con ganas de morder como en Bangkok. La gente sonríe sinceramente y te dedican tiempo aunque no les vayas a dejar dinero. Además las mujeres visten unos pantalones muy curiosos y elegantes.

 

Allí me acerqué al hospital donde después de pasar por cuatro ventanillas me atendió una médico que me mandó hacer unos análisis de sangre. Y fue como el chiste de “tengo una noticia buena y otra mala”. Vamos que no tengo malaria, tengo dengue.
Mañana volveré al hospi a hacerme otra prueba de sangre. Si mis niveles de “no sé qué” suben -sigo teniendo unos problemas bárbaros para entender el thainglés, “niu yia, niula”-, volveré a ser libre, si no, me ingresarán. Lo cierto es que tengo fe en ese maravilloso regalo que me hicieron mis padres y que es mi herencia genética, la cual hasta ahora me ha protegido de todo mal y de la que me siento muy orgulloso. Si algo no funciona correctamente es porque lo he roto yo, por lo tanto, no sería defecto de fabricación sino de uso.

2 comentarios en “Bangkok

    1. Yo tampoco he visto a ningún tailandés gritando por la calle. Como ya sabrás, son muy comedidos a la hora de expresar sentimientos, no sólo aquí, sino en casi todo el sudeste asiático. Eso sí, en Khao San Road podías ver hordas de occidentales u occidentalizados haciéndolo. Es a esa gente a quien me refiero en la frase: “gente voceando a la noche poseída por el alcohol y seguramente alguna otra cosilla”, que es seguramente la que te habrá despistado.

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