Niños akha con bicicleta, Laos

Pedaleando Laos

CICLOTURISMO EN LAOS

Definitivamente, este es un país de aldeanos, y lo digo en el mejor sentido de la palabra. La población total de este país es de menos de siete millones de personas, siendo el país menos poblado de la zona. Su capital es Vientiane, habitada por poco más de doscientas mil almas. Luang Prabang, la tercera ciudad del país tiene cincuenta mil habitantes, o sea, un pueblo grande. El resto de las capitales de provincia en que estuve eran pueblos a secas. No eran ni siquiera grandes, exceptuando Udom Xay la cual, crucé sin parar.

Ciclista en Laos
Tras 16 km. de subida nada más desayunar
Hilandera, Laos
Hilandera sin pedales

Lo que tiene el viajar por un país eminentemente rural que está todavía en vías de desarrollo, es que es posible presenciar una serie de estampas que en mi caso se remiten a un pasado muy lejano, en el que yo era un niño, o ni siquiera había nacido. Oficios o actividades como hilar lana o tejer en un telar se remiten más a la infancia de mis abuelos que a la de mis padres.

Bobinando en Laos
Bobinando hilo

Pedaleando Laos

La gente a veces se sorprende de ver un «farang» -guiri-, en bicicleta. En estos casos, aunque se les salude primero, tardan en reaccionar. Cuando consiguen cerrar la boca por la sorpresa, no hay niño que no salude. Las adolescentes se ríen cuando se les saluda: «Sabaidee!» … Ji, ji, ji, ji, ji… son muy vergonzosas. Los adolescentes cuando van de machitos no se dignan a saludar. Cuando les sale la vena de «falta de riego» o «exceso de hormonas» sueltan alguna tontería a voces y se ríen todos en grupo. Qué época más triste de la vida. Nada nuevo sobre la faz de la tierra en ese aspecto, aquí, allí y acullá. Como si fueran una fotocopia. Los adolescentes y su acné repelen en cualquier continente que se pise.

Herrero en Laos
Forjando en cuclillas

Los más curiosos son los adultos. Cuando te ven llegar con la bicicleta y coincide que están con un niño pequeño a su cuidado -cosa bastante habitual, ya que es el país de la zona con mayor índice de natalidad-, siempre de los siempre saludan, eso sí, por medio del niño. Le agitan la manita de lado a lado, al estilo casa real española, mientras le sujetan con el otro brazo, dando la impresión de ser un muñeco de ventrílocuo. En estos casos los adultos me recuerdan a los «txakur-kume» parlantes del País Vasco. Hay una impresionante cantidad de gente que solamente habla euskera a los perros y/o a los niños. Como saben que ni unos ni otros les van a corregir si dicen algo mal, hablan sin pudor, y en muchos casos correctamente. Desde luego… mejor esto que nada.

Molinera en Laos
Moliendo cereal

Los pasatiempos nacionales son el karaoke y la petanca, regados ambos con generosas cantidades de cerveza «Beerlao». Es la única de este país socialista que por cierto, está riquísima y que por cierto, pertenece a Pepsico. Los laosianos tienen un timbre de voz considerable, y cuando están pimplaos, no hablan, directamente gritan. Si eres extranjero y no les entiendes cuando hablan en laosiano, gritan todavía más fuerte, a ver si así… Como los malayos, tailandeses y guipuzcoanos, los laosianos son muy curiosos. Generalmente, cuando están en grupo, se van sin despedirse. Como no te enteras de la mayoría de las cosas que suceden a tu alrededor, de repente te encuentras sólo. Medio mamao en un bar de petanca, con las bolas en la mano y sin saber a ciencia cierta si lo que ha ocurrido es fruto de tu etílica imaginación o está realmente ocurriendo.

Campo de sandías en Laos
Fumigando plantas de sandía

El norte del país es muy montañoso. Hay etapas donde la palabra llano no existe; o subes o bajas. En una etapa de 90 km., es probable que no se llanéen ni 5 km. Son por lo tanto -muchas de ellas- etapas duras, pero lo compensa la belleza de su paisaje, el cual, se aprecia mucho más alegremente bajando. En el norte, al haber montañas se miré donde se mire, hay agua por doquier, con lo que no es necesario llevar mucha en la bicicleta, reduciendo así el peso del equipaje.

Juegos populares en Luang Namtha, Laos
Juegos populares

Es una república socialista de libre mercado, resumiendo: la tierra y el poder pertenecen al estado, que no al pueblo. O sea, pertenecen a los que están en el gobierno, que vaya usted a saber cómo han llegado hasta allí arriba y quien es capaz de bajarlos. Y lo de libre mercado es, sálvese quien pueda. Vamos, que en todas las casas cuecen habas, y cuando digo en todas, me refiero a TO-DAS.

Hay muchas empresas estatales que son las que monopolizan los sectores estratégicos, y también países que participan en ellas o las tutelan. Como México -tan lejos de Dios y tan cerca de los EEUU-, los laosianos tienen a China, que es su Gran Hermano. Cuando China estornuda, el Sudeste Asiático se resfría.

Cascada en Laod
Con «Venenito» a todas partes
Monumento socialista en Laos
Monumento al socialismo

Al ser un país socialista, la falta de recursos está también socializada. No se ven grandes excesos, y cuando los hay, suele ser de chinos residentes en el país. No hay mendicidad en la calle y, al menos da la impresión de que todo el mundo tiene para echarse unas cervecitas de vez en cuando. Vamos… que se les ve felices cual perdices.

Localidad de Vieng Xay, Laos
Vieng Xay, a las puertas de Vietnam

Ni mucho menos todas las carreteras están asfaltadas. Incluso las que en el mapa aparecen como asfaltadas, no siempre lo están completamente. Hay etapas que pueden resultar duras por la orografía del terreno y el polvo que levantan el resto de los vehículos en carreteras sin asfaltar. Imagino que si ha llovido -en mi estancia no me llovió ni un día-, el barro podrá ser un problema en ciertos tramos. Pero exceptuando estos tramos, pedalear por Laos es todo un privilegio. El tráfico es casi inexistente, y los conductores son bastante respetuosos con los ciclistas. Debido a los baches que hay en algunos tramos de carreteras, hay que estar alerta al descender los puertos para que las alforjas no pasen sobre tu cabeza.  Eso sí, le da más emoción a la bajada, tal vez demasiada.

Transporte público en Laos
Viajando en transporte público

En etapas de curvas, que en el norte son todas, al no haber visibilidad, los vehículos pitan antes de coger una curva. Según se va cerrando la curva, van invadiendo el carril contrario para tomarla con más velocidad. Como hay tan sumamente poco tráfico, juegan con la ley de probabilidades: «como casi nunca pasa nadie, es difícil que justo en ese momento pase, y van con toda confianza». Pero… a veces coinciden en la curva. Accidentes no he visto, pero enderezamientos de rumbo en el último momento he presenciado unos cuantos, y el aire que corre entre vehículos, es como el de un suspiro.

Fumando en pipa, Laos
Fumando tabaco con pipa

Hasta ahora, de los tres países por los que he pasado en este viaje, Laos para pedalear ha sido el mejor con diferencia. Como en los anteriores, al ser los robos casi inexistentes, se puede dejar la bici incluso sin candar en casi cualquier lugar y con toda confianza, algo que se agradece mucho, sobre todo cuando se viaja sólo.

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Niñas zona rural Laos
Disfrutando de las tareas caseras

Un comentario en “Pedaleando Laos

  1. Cada vez que entro en el blog me ataca un mal de envidia absoluto, primero por como cuentas las gentes y los paisajes y luego recordando los dias pasados juntos. Las imagenes de lugares tan lejanos para nosotros se nos acercan de la mano de alguien reconocido que las esta respirando, gracias amigo y…
    ¡Buen camino!

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