San Astvatsatsin, Yerevan, Armenia

Pedaleando Armenia

CICLOTURISMO EN ARMENIA

Monasterio de Geghard, Armenia

Armenia fue un inmenso imperio que se extendía hacia tres mares: Mediterráneo, Negro y Caspio. Debido a las vicisitudes de la historia, hoy, lo que queda de ese gran imperio, es un pequeño país con una superficie similar a la de Bélgica.

Situado en el corazón del Cáucaso Sur, su orografía es más que accidentada, con imponentes montañas y profundos valles. Su altura media es ni más ni menos 1.800 metros. Ningún punto de su geografía está por debajo de los 400. Su montaña más alta es el monte Agarats, situado a 4.095 m. de altitud. Desde su capital, Yereván, se divisa perfectamente el imponente Ararat, con 5.137 m. es uno de los símbolos del país. Actualmente se encuentra dentro de las fronteras de Turquía que lo anexionó el año 1920.

Pueblos de armenia
Pueblo a 2000 metros de altitud

Sus raíces se hunden en una de las civilizaciones más antiguas del mundo, ya que fue por estos lares donde la raza humana se asentó por primera vez en Eurasia.

NOSTÁLGICOS DE TIGRANES EL GRANDE

Imperio de Tigranes

Su máxima expansión como unidad territorial, la alcanzó con Tigranes el grande, allá por el siglo I A.C., concretamente entre los años 95 y 66. Su situación estratégica entre los dos continentes, la ha hecho blanco de múltiples invasiones. Ha sido ocupada por todos los imperios y países que pasaban por ahí: asirios, persas, romanos, bizantinos, árabes, turcos selyúcidas, mongoles, turcos otomanos y rusos. Ahí es nada. Más o menos como la Península Ibérica.

A lo largo y ancho del mundo y durante la dilatada historia que conocemos, está ampliamente comprobado que nadie… pero nadie; ningún reino, imperio, potencia o como quiera que se llamare, ha invadido con flores. Todos han invadido a tortazo limpio. De las invasiones de bizantinos y romanos, ni se acuerdan, de los asirios, mucho menos, pero hay un triste acontecimiento “reciente” que resulta especialmente doloroso a los armenios, la invasión turca otomana.

Museo Matenadaran, Yerevan, Armenia
Museo Matenadaran

Durante la expansión otomana de principios del S. XX, la población armenia fue la más afectada. Entre 1915 y 1917, los turcos masacraron a un número estimado de entre 650.000 a 1.500.000 armenios, en su inmensa mayoría civiles. Los que pudieron huir, lo hicieron en desbandada. Cien años más tarde, el genocidio sigue sin ser reconocido por Turquía. Para hacernos idea de tamaña barbaridad, basta mencionar que en el actual territorio armenio viven aproximadamente tres millones de personas, fuera de sus fronteras, viven ocho.

Otro amargo episodio aún más reciente pero también con macabras agresiones, es la guerra de Nagorno-Karabaj. De esta república y los prolegómenos de esta guerra tratará la próxima publicación.

Vendedor de pescado, Lago Sevan, Armenia
Vendedor de pescado seco

Respecto a mi experiencia en el país, fue como ver una película que te han puesto por las nubes; no pocas veces, las expectativas creadas no se cumplen. También es cierto que venía de Georgia, país que me enamoró por muchos motivos, pero sobre todo por la hospitalidad de su gente.

Armenia es un país con unas montañas imponentes. Algunas de ellas, lucen un precioso bosque de hoja caduca que destaca especialmente en otoño. Otras muchas, están cubiertas solamente por monte bajo, hierba rala, o simplemente son un paisaje yermo sembrado de piedras. Este último, presagio de lo que iba a encontrarme más al sur, ya en territorio de Irán. El lago Seván es de mención obligada, una gran masa de agua situada al este del país, muy cercano a la República de ArtsakhNagorno Karabaj

 Vistas desde Templo de Garni, Armenia
Pared de columnas de basalto desde Garni
Orante en San Astvatsatsin, Yerevan, Armenia
A Dios rogando

PAISAJE HUMANO

De los tres millones de personas que habitan Armenia, uno lo hace en su bella y ordenada capital, Yerevan. Podría decirse que su estructura es eminentemente rural, con núcleos de población más bien pequeños. Sus gentes, son de carácter extrovertido. Es muy fácil entablar conversación con ellos. Se muestran orgullosos de sus raíces y su religión. Aquí es muy habitual ser preguntado por la religión que profesas. Si es la cristiana, enseguida te felicitarán por ello, haciéndote de alguna manera su par. Subrayar que fue el primer estado en abrazar oficialmente la religión cristiana, ni más ni menos que en el año 301 de nuestra era.  Al igual que sus vecinos georgianos, fuman como si no hubiera un mañana. Tienen la triste marca de ser el octavo país en la lista de muertos por cáncer de pulmón en lo relativo a la población masculina. Tanto humo, a veces resulta molesto, ya que aparte de fumar mucho, está permitido fumar en cualquier lugar.

Y como no quiero guardarme nada, OS LO VOY A CONTAR TODO.

AVENTURAS Y DESVENTURAS

Hay un punto de esta gente –y que quede claro que estoy generalizando-, que no me gusta y no sabría definir el qué, pero me resulta un poco amargo. Entre ellos se dan muchas voces, y no porque hablen alto por norma, sino porque solucionan los conflictos discutiendo de esa manera. Tienen un lado oscuro que no sabría muy bien definir, pero que se me atraganta. Tienen un nosequé conflictivo, que choca con mi manera de ser, con mi parte inflexible. Bien cerquita de la frontera con Irán, tuve un encontronazo con un nefasto personaje.

Cascade Complex, Botero, Yerevan, Armenia
Cascade Complex y gordita del colombiano

Ese día llegaba de Karabaj. La etapa no era larga pero sí dura, con mucho sol, cuestas y montañas que eran un secarral. Faltaban ocho km. para llegar a destino y después de arreglar un pinchazo, me entraron unas increíbles ganas de beberme una cervecita. Esta técnica de repostaje la utilizo a menudo, generalmente en días calurosos. Lo hago antes de establecerme y cuando solamente quedan cuatro pedaladas. Me suelo sentar tranquilamente a disfrutar de un refresco de cebada… en este caso fue de trigo.

En un bar al lado de un lago, me senté en una mesa corrida a tomarme una cerveza. Lo hice allí porque me invitó a hacerlo un parlanchín que chapurreaba inglés. Al rato apareció un conocido de los del bar, de unos treinta años, que aunque no entendí lo que hablaban, no me gustaron nada sus formas. Le evité en todo momento. Me hizo un par de alusiones que fueron traducidas a las cuales contesté secamente. Simplemente no me interesaba relacionarme con él. Me pareció problemático desde el primer momento.

SALTA LA LIEBRE

Empezó a discutir con una de las camareras en voz alta. Había tres: una señora de casi sesenta, una chica de unos treinta  y poquitos, y la mencionada que no llegaba a la treintena. Desde luego, no era un simple cliente. Se levantó airado y continuó la discusión con ésta última, que deduje era su novia. La hablaba en voz alta por la espalda, ya que esta le evitaba, y hacía el amago de darle toñejas. Le descargaba sin fuerza la mano sobre la cabeza y se la empujaba hacia adelante. Los dos continuaron un rato más ladrándose mutuamente. Momentos después, el tipo cogió su coche y se fue.

Yo seguía sentado en el banco corrido con el charlatán, que resultó ser un repartidor de helados. Era simpaticote, muy curioso y preguntón. Como la segunda pregunta que me hizo fue la que le hacen a uno a diario múltiples veces: where are you from?, le solté que de Andorra. Siento ser así pero, uno se cansa de que le pregunten siempre lo mismo, y cuando me lo hacen a saco, sin previa conversación, suelo responder por peteneras.

Digo de Andorra por desconcertar, porque casi nadie sabe donde está –aquí no conocen a los Pujol, aunque sí las reivindicaciones catalanas-, lo digo por pura diversión. He de aclarar que no siempre cito el país pirenaico, también uso como comodines China y Lietchtenstein. Si contesto España, sé que la conversación va a derivar en Barcelona, Real Madrid, Messi, Ronaldo y si me apuras, el judas de Lopetegui. Si contesto País Vasco, tengo que repetir continuamente la misma monserga. Así que disfruto con la cara que ponen cuando digo que soy chino o inventándome las preguntas que me hacen sobre Andorra o Liechtenstein, aunque por norma suelen ser: “qué idioma habláis” y “euro o dólar?”

DESFACIENDO ENTUERTOS

Nos invitamos a sendas cervezas –cabe aclarar que aquí son de medio litro- y en estas aparece de nuevo el cortarrollos de antes. Se dirige directamente a “su chica” y le empieza a vocear. Esta vez, los amagos de toñejas ya no eran amagos e iban acompañados de empujones. La metió dentro de la barra del bar de mala manera mientras la vaciaba una botella de agua por la cabeza. Las otras dos camareras tratando de tranquilizar al bicho, la chica agredida gritando histérica, el repartidor de helados pasando de todo, caraculo voceando sin conocimiento mientras la daba golpes en la cabeza con la mano y la arrinconaba contra el fregadero, y yo que me levanto hacia la barra tranquilo y me voy calentando por el camino.

Le encaro al tipo y le grito que si no le da vergüenza, que es un abusón y que la deje en paz. El tipo viene a por mí directamente. Cuando le veo las intenciones tan poco amigables, le agarro por el cuello y le hago retroceder. El tipo no se lo esperaba y tarda en reaccionar. Le suelto. Ahora es él el que me coge a mí por el cuello. Me dejo llevar. Sin amenazar. Le repito que si no le da vergüenza con lo grandón que es –un brazo suyo era como una pierna mía- El tipo me reta y me dice que vayamos a pegarnos. Le digo que no me interesa, solamente que la deje en paz, que es un abusón y un puto payaso. –Todo esto sin tener una lengua común. El tipo me hablaba en armenio y yo en castellano. Nos entendíamos perfectamente- A nuestro alrededor las camareras y el repartidor de helados mediando en la disputa.

Mientras éste último me intentaba convencer que lo dejara y yo le decía que ya lo había dejado, veo al grandullón con un cuchillón de cocina en la mano. Me vino enseguida la imagen de “Chucky” a las mientes por el tamaño del cuchillo comparado con el muñeco. Ahí me di cuenta de lo tontorrón que era el tipo. Que no era más que un bocazas matón y que había visto muchas pelis de ficción. La señora cocinera intentando pararlo, yo intentando volver al banco corrido para sentarme y acabar la cerveza, “su novia” y la compañera de trabajo diciéndome que me fuera, yo diciéndole a la novia que cómo se lo permitía, que tenía que acabar con aquello, que eso no era vida, que le abandonase. Al mismo tiempo quería decirle a su guapísima compañera que se viniese conmigo, que yo no era así.  Pero a pesar del litro y medio de cerveza que llevaba encima, temí que no fuera el mejor momento para tamañas declaraciones. Así que cogí la bici y me fui.

LOS PROBLEMAS NO HABÍAN HECHO MÁS QUE EMPEZAR

Decidí recorrer lo poquito que me faltaba lo más rápido posible. No las tenías todas conmigo. La última imagen que tenía del puto payaso era con un cuchillo de matanza en la mano. Cada “x” metros echaba la mirada atrás por si el tipo venía. Ocho km. pedaleando con alegría, no debieran de llevarme más de 20 minutos. No llevaba más de tres cuando le veo venir. Paro al lado de un poste de la luz por si al tipo le da por atropellarme. Echo la bici a la cuneta y dos segundos más tarde tengo una piedra en la mano del tamaño y la forma de un disco de lanzamiento olímpico. Ni Mirón lo hubiera hecho más rápido. El todo terreno para a mi par y me dice que me suba. Ahí me vienen a la cabeza dos posibilidades: que el tipo es más tonto de lo que pensaba, o que piensa que el tonto soy yo. Ahora pienso que las dos cosas bien podrían ser ciertas.

Le grito que se vaya, mientras levanto la piedra y le pongo cara de Pablo Escobar enfadado. El tonto de él, porque no tiene otro nombre, me abre la puerta del vehículo para que entre. En el asiento del copiloto veo un mango nuevecito de algún tipo de herramienta –probablemente de hacha-, del tamaño y la forma de un bate de béisbol. Me leyó el pensamiento. Me lanzo a por el mango a la vez que él lo agarra con las dos manos. Empezamos a forcejear por el mango hasta que me doy cuenta que así no se lo voy a quitar nunca y empiezo a machacarle las manos con la piedra, que estaba ni que diseñada para esta función. Tengo que decir a su favor que el tipo aguantó un buen rato hasta que lo soltó, aunque era meramente una cuestión de tiempo.

Ahora las tornas habían cambiado, aunque no mucho. Yo tenía una bicicleta y un palo. Él tenía un todo terreno. Aún así me sentía mucho más seguro y crecido después de esta última batalla ganada. Le digo que se dé la vuelta y me deje tranquilo… pero no. Se baja del coche y me dice que me tranquilice, y que me monte en el coche. Desencajado, con el palo en alto le digo: “ni te acerques que te rompo en diecisiete”, no sé porqué pero diecisiete. Se lo repetí varias veces mientras amagaba con darle. Me dije a mi mismo que como se acercase a menos de un metro le sacudía. Cometió el error de hacerlo dos veces. Le endiñé sendos zurriagazos que me dolieron hasta a mí. Los paró con los antebrazos, que era hacia donde estaban dirigidos.

En ningún momento se me ocurrió sacudirle en la cabeza o en los hombros. Quería hacerle daño pero no romperle. El tipo no amenazaba, me insistía que subiera al coche. Como seguía acercándose, le hice amago de darle en las rodillas… ahí había que verle bailar, estaba hasta gracioso. Eso sí, se notaba que estaba escarmentado de los dos palos que se había llevado. A todo esto, gente pasando con sus coches por la carretera. Reducían la velocidad, curioseaban, y se marchaban. A nadie le interesaba nada en absoluto.

DESENLACE

Me estaba debatiendo entre darle un zurriagazo bueno o no dárselo para acabar con aquello. Yo solo quería que se fuese por donde había venido. Ante mi perplejidad, el tipo erre que erre con que me subiera al coche. En estas aparece como una bala el repartidor de helados en su camión blanco con gigantescas pegatinas de polos de fresa. Alucinando con la situación surrealista, me dice que pare, que el otro sólo quiere hablar conmigo, que quiere aclarar las cosas. Ante su presencia tranquilizadora, sin pensármelo dos veces y tal vez un poco inconscientemente, le entrego al tontorrón el mango y aceptó volver al bar del lago. Cada uno volvió en su respectivo vehículo.

Cuando llegamos, las dos camareras nos miraban ojopláticas sin entender nada. La novia, comprensiblemente se había retirado a su casa. Nos fuimos los tres a una casetuca con mesa corrida y allí mismo hicimos las paces. Mientras la camarera bonita con sus treinta y pico primaveras, parcheaba con tiritas las manos del otrora furibundo pipiolo. Un rato más tarde se levantó la camisa para cerciorarnos de que sí, que los golpes recibidos se estaban convirtiendo en moratones a pasos agigantados. Me temo que no pasó muy buena noche la de aquel día. Y así nos despedimos, casi, casi como amigos.

PUNTO FINAL
Monasterio de Hairavank, Lago Sevan, Armenia
Monasterio de Hairavank y planta de tapa-culos

Me quedé en el pueblo un día y, por tema de visados, tuve que regresar a la capital –a nueve horas de bus- y volver cuatro días más tarde para poder cruzar a Irán. Dio la casualidad de que cuando salía de la puerta del hostal hacia la frontera, pasaba el repartidor de helados con su alegre camión a unos treinta metros de donde me encontraba. Sacó su mano y la cabeza por la ventanilla mientras me saludaba: Andorraaaaaa!!!

LA CARRETERA, DATOS ÚTILES. Pedaleando Armenia


Las carreteras armenias son excelentes para pedalear por dos motivos: el estado del asfalto es aceptable y el tráfico, excepto en las proximidades de la capital, es más bien escaso.

Las características orográficas de la zona, hacen que el pedaleo requiera un gran esfuerzo. Elige bien tu ruta porque algunas etapas tienen gran desnivel. Si a esto le sumamos un día caluroso o de fuerte viento, pedalear puede convertirse en labor de titanes.

Algunos vehículos, sobre todo los pesados, expulsan unas nubes de humo negro que se quedan estáticas sobre el asfalto y que respirarás durante un buen tramo. Para más inri, suelen tener el escape en el lado derecho del vehículo, con lo que será muy difícil no sentirse como en una cámara de gas.

Cuidadito en las bajadas con coger grandes velocidades. Algún bache inesperado puede hacer que tu bicicleta y tú voléis con destino incierto y aterrizaje forzoso.

MANTENIMIENTO DE LA BICICLETA

En Yerevan, la capital, llevé la bicicleta al doctor para que me la pusiera a punto.

En el mismo centro, muy cerquita de donde me alojaba se encuentra “Velo Club”. Taller regentado por Emil Asatryan, el cual dejo lo que estaba haciendo para ponerme la bicicleta a punto en el momento. Lo hizo rápido y bien.

Vista de la montaña iraní, Armenia
Montañas iraníes desde el lado armenio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en “Pedaleando Armenia

  1. Curioso, 3 millones viven dentro y 8 fuera.
    Bueno, lamentable el tipo del bar. Y lo más acojonante: ¿como es posible que una mujer aguante eso? te sigo leyendo, un abrazo.

    1. La cantidad de armenios que viven en el éxodo es una barbaridad, puro reflejo de su historia.
      En cuanto al episodio de violencia machista, por lo que vi y comenté con ellos, está de alguna manera aceptado. Como lo estaba hace años en España. Lo que me pareció exagerado es que fuera público.

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