Koh Bulon

KOH BULON

Koh Bulon es una islita que se cruza caminando en quince minutos. No tiene carreteras, ni cajeros automáticos, tampoco supermercado. En ella habitan un puñado de ¨moken¨-gitanos de mar-, un puñado de tailandeses llegados recientemente del continente, y otro puñado de turistas, ocasionales la gran mayoría.

Cuando llego a un lugar por primera vez, no se si voy a quedarme uno o varios días. En esta isla llevo ya una semana, y mucho me temo que pasaré otra más, por lo tanto, Venenito -mi bicicleta compañera de aventuras- ,estará todo este tiempo en dique seco, ya que aquí no hay ni carreteras, ni caminos para ciclar.
Aquí los días pasan sin darse uno cuenta, entre paseos, comidas y actividades varias . En el lugar donde me encuentro se puede escuchar: tailandés, italiano, castellano, francés, alemán, inglés y/o euskera. Esto es una pequeña Babel.
En la isla no existe un núcleo de población claramente marcado. La gente que allí habita de continuo, está dispersa por la jungla y de esta misma manera, se encuentran también lo bungalows de los turistas. Así pues, caminando por sus senderos aparecen grupitos de viviendas, un restaurante por aquí, un campo de voleyball por allá, un ultramarinos, etc… Todo esto a la sombra de plantaciones de caucho o en medio de la jungla.
Los bungalows donde me encuentro son los más baratos de la isla, 200 bath la noche -cinco euros al cambio-; los más caros son de 1500 bath, osea, treinta y siete con cincuenta euros. El viajero de largo recorrido ha de controlar el presupuesto para que dure tanto o más que su viaje. Quien viene un par de semanas bien puede tirar la casa por la ventana si así lo quisiera.
Casi todos los días al desayuno vienen unos enormes lagartos de visita. Aquí los lagartos adultos miden entre 1,5 y 2,5 metros con lo cual, cuando menos choca su presencia. Si no haces ningún movimiento brusco ellos tan panchos. Si te levantas bruscamente, te miran de reojo y aceleran el paso. Eso sí, si haces amago que vas a por ellos, se van ciscando. Los gatos les miran con curiosidad pero no se acercan, ya que los lagartos pueden ser tan rápidos como ellos.
Para los amantes de los animales he de decir que esto es un paraíso. También he de decir que en mi cuarto de baño he tenido como visitantes ocasionales: un sapo, dos cucarachas, un caracol, varias lagartijas, y como compañera he tenido a una araña de unos ocho centímetros durante cinco días. Ayer se fué. Tenía permiso para estar allí y sólo allí, pero no en la habitación, y me ha respetado. Le esperaba escobazo si no. También creo interesante mencionar que a veces entra alguna serpiente, con lo que siempre, hay que entrar con la luz encendida y sin legañas, ya que hay que mirar donde se pisa. Comentaba una polaca que el año pasado entró en la casita del jefe una boa, la cual tuvieron que sacar con mucho cariño y mayor cuidado. A mi con diferencia lo que más me molesta son los mosquitos. No es fácil ser viajero, no señor.
Este pececito, os podéis imaginar cual fué el último lugar donde nadó.

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